
En adelante, nuestro sufrimiento no podrá ser más que vano o satánico. Un poema de Baudelaire nos resulta más cercano que los excesos sublimes de los santos. Abandonándonos a la ebriedad de la desolación, ¿cómo podríamos interesarnos por la escala de las perfecciones a la que se llega mediante el ascetismo? El hombre moderno se halla en los antípodas de los santos, pero no a causa de su frivolidad, sino de su desvergüenza trágica y de su sed de decepciones eternamente renovadas. Ser incapaz de resistirse a sí mismo: elección de nuestras tristezas. Si Dios puede revelarse a nosotros a través de sensaciones, tanto mejor: evitaremos así la disciplina inhumana de la revelación. Los santos son irremediablemente inactuales y, si alguien se interesa aún por ellos, es únicamente por desprecio del devenir.